La obesidad es un problema de salud; ¿qué recursos se da a la persona para enfrentarlo?

La ley de obesidad y un costado social de la gordura

Sancionada hace ya un año en el Congreso nacional, la ley que incluye a la obesidad como enfermedad que debe ser cubierta por el Programa Médico Obligatorio no fue reglamentada aún. Desde junio una resolución del Ministerio de Salud posibilita la cobertura gratuita, pero la mayoría de los pacientes lo desconoce.

Hace casi exactamente un año, el Senado nacional convirtió en ley el proyecto que considera como una enfermedad a la obesidad y a trastornos alimentarios como la bulimia y la anorexia. La sanción obligó a que tanto las obras sociales como las empresas de medicina prepaga se hicieran cargo de la cobertura de los tratamientos, e incluso cuando en ellos se requiriera la intervención quirúrgica.

Pero la ley sigue sin ser reglamentada. En junio de este año, el Ministerio de Salud dictó la Resolución 742/09, por la cual se incluyeron en del Programa Médico Obligatorio (PMO) las prestaciones básicas elementales para la cobertura de los pacientes con obesidad.

A partir de esto, las obras sociales deberían dar cobertura para su problema a los pacientes adultos que cuenten con un índice de masa corporal igual o mayor a 30, y con al menos una de las siguientes enfermedades asociadas: diabetes, hipertensión arterial, dislipemia, insuficiencia respiratoria o cáncer de mama post-menopáusico.

“La resolución obliga a los prestadores de salud a hacerse cargo de insumos médicos y consultas, relacionados con el tratamiento de determinados grupos de pacientes afectados de obesidad –indicó el médico nutricionista Julio Montero, presidente de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (SAOTA)–. Decimos grupos determinados, porque no cubre a todos los obesos de manera automática, sino que  deben tener algún otro problema asociado. Pero de lo que estamos hablando es de la Resolución 742 aprobada por el Ministerio de Salud y no de la ley 25396, porque esta última no fue reglamentada.”

En la Argentina, se estima que algo más del 50 % de la población adulta tiene algún grado de exceso de peso. Entre el 15 y el 20 % de ellos son obesos y los otros no alcanzan a este nivel pero su peso está por encima del considerado saludable. En los niños de hasta 5 años se llega a valores de hasta un 5% para obesidad según las regiones. En tanto, entre los infanto-adolescentes, los valores oscilan entre un 10 y un 17%.

Factibilidad de aplicación

Apenas sancionada la ley hubo quienes cuestionaron la factibilidad de su aplicación al señalar que en el país no se cuenta con personal capacitado para abordar la obesidad como una enfermedad. Para Montero, si bien no se disponen de estadísticas sobre el nivel de entrenamiento de los profesionales de los hospitales y de la disponibilidad para abocarse al tema, “la estructura básica existe y, con poco, el sistema podría capacitarse, aplicando un sencillo plan de entrenamiento que podría ser impartido por quienes tenemos experiencia por trabajar con este tipo de afecciones ya sea en la prevención, como en el tratamiento y en el cambio de paradigmas asistenciales para optimizar resultados”.

Según el especialista, los pacientes en general no conocen los beneficios de la ley de obesidad (26.396), más aún cuando por falta de reglamentación no puede hacerse efectiva. Seguramente fue esta la problemática que llevó a la ex ministra de Salud Graciela Ocaña a dictar la Resolución 742 por la cual se les otorga a los pacientes cobertura ambulatoria, es decir: se incluye la consulta diagnóstica realizada por médico de primer nivel de atención, interconsulta con licenciado en nutrición o médico especialista en nutrición, y la interconsulta con médico con expertise en obesidad.

Pata seguir el tratamiento

Quienes padecen obesidad tendrán acceso a tres meses con cobertura del control y seguimiento por un profesional hasta una vez por semana, la ampliación por tres meses más en la medida que se haya asegurado que el paciente esté bajando de peso a un ritmo de no menos de 1,5% de su peso al menos por mes, y una (1) consulta mensual a partir del descenso de al menos el 10% de su peso de inicio, para el plan de mantenimiento.

En tanto, los tratamientos farmacológicos estarán cubiertos con un 70% de descuento. “La cobertura implica básicamente todos los medicamentos para reducir el peso, que actúan disminuyendo el ingreso de energía alimentaria al organismo. Según el mecanismo por el que lo hacen pueden ser de dos tipos: los que interfieren con la absorción de las grasas (como el xenical ) y los que reducen el hambre ( sibutramina y otros)”, señaló Montero.

Por medio de la resolución también se les otorga cobertura a los tratamientos quirúrgicos de aquellos pacientes que tengan un índice de masa corporal igual o mayor a 40. Para ser sometidos a dicha intervención, los pacientes deberán cumplir con ciertos requisitos, tales como tener m ás de cinco años de padecimiento de obesidad no reductible, demostrado mediante resumen de historia clínica de centros donde haya sido evaluado.

El problema de fondo

Según explica Montero, e l abordaje estrictamente técnico es simple, pero el individual tiene más complejidad porque se deben borrar parte de las creencias y algunos mitos que integran un concepto colectivo del problema de la sobrealimentación.

Estas ideas están presentes en pacientes, en la población general, en los formadores de opinión y hasta en algunos profesionales, que entorpecen la aplicación de medidas más modernas y eficaces.

“A los pacientes debe proponérseles un plan alimentario posible y sustentable, no hambreante. Digamos adecuado a los genes con que la especie asomó en el mundo”, señala Montero. Para esto no es preciso ser un erudito, pero los profesionales deben tener conocimientos concretos y técnicos precisos, aplicar estrategias que le permitan optimizar la relación con su paciente, y disponer del tiempo de consulta para la asistencia, que no es el mismo que para otros pacientes de la clínica de la nutrición.

Se apunta, entonces, a conseguir un peso y una composición corporal adecuada para cada individuo, para que no produzcan efectos negativos sobre la salud. “En estos pacientes la queja principal es el hambre, y la respuesta profesional suele ser una dieta  con menos contenido que la que venía practicando el paciente, pero esto aumenta el hambre. Esta estrategia centra su objetivo en el tratamiento de la grasa sin considerar el problema del hambre en exceso que sería la solución de fondo”, explica Montero.

No obstante, leyes y tratamientos mediante, el especialista reconoce que la industria alimentaria es la depositaria de la gran esperanza para el cambio masivo y la solución de base del problema de la sobrealimentación. “Si las causas de la sobrealimentación están en el ambiente, es en el ambiente donde deben implementarse los cambios que la solucionen. Eso no depende de los nutricionistas sino de quienes diseñan los alimentos, los difunden, los prestigian, los ofrecen y los ponen al alcance de la población”, concluye Montero.

Carolina Stegman